Ciudad Emegente. Día 2 (Sábado) Parte 2

8 Jul

Grata sorpresa fue la aparición de The Tormentos, pero, una vez terminado su recital, en lugar de regresar hacia el espacio Ciclo Nuevo, este redactor consideró paliar un principio de deshidratación y unos sonidos quejosos de su estómago. Finalizada la digestión de 10 minutos, Semifusas se movió hacia el Ciclo Nuevo con el afán de poder escuchar algo de Madre Maravilla, conjunto que mezcla diversos estilos como la bossa nova, pop o inclusive cumbia, filtrándolos con bases electrónicas, mientras que las vocalistas (Roberta Anstein y Diana Molina) armonizan sobre la mezcla de estilos que Madre Maravilla intentaba llevar a cabo. Si bien es cierto que las voces pretendidamente armonizadas originaban una sensación desagradable, sería necio hacer un juicio valorativo sobre esta banda, ya que fue mínimo el tiempo escuchado, producto, por un lado, de las necesidades alimenticias mencionadas ulteriormente, y por que la atracción se posaba sobre La Terraza, lugar en el cual iba a presentarse Javiera Mena, compositora chilena que tiene publicado un precioso disco titulado Esquemas Juveniles. En el referido álbum, Javiera dio muestras varias de su delicada manera de concebir canciones románticas (sin caer en un cursilerío lírico y/o sonoro), alimentándose tanto de sonidos folklóricos, así como de otros más cercanos a los electrónicos. Este vínculo ganó en belleza cuando Javiera se tomó el tiempo para tocar temas como Esquemas juveniles, Cámara lenta o Sol de invierno. De esta forma, la trasandina configuró parte del recital con canciones artesanales que tratan sobre los dilemas que se plantean al finalizar la etapa adolescente. A pesar de contar con un escenario abierto, desfavorable para conseguir la intimidad acariciadora que consigue el disco, Javiera pudo unir piezas de su repertorio sentimental y así originó ciertos momentos de empatía emocional. Las complicaciones comenzaron cuando algunos vestigios poco alentadores de Esquemas Juveniles se hicieron presentes en Ciudad Emergente. Así como la artista chilena es una de las nuevas compositoras que logra una convivencia armónica y fina entre resonancias electro-pop con otras más folklóricas, también, a veces, peca de esa mezcla cuando se desvía a zonas caracterizadas por un infantilismo electrónico y letras pretendidamente naif. Sólo dos canciones de su disco debut cayeron en falta (Cuando Hablamos y el insulso cover Yo no te pido la luna), pero unos cuatro temas de su futuro disco parecieron rondar por esos caminos, abandonando las pequeñas pretensiones intimistas y perdurables para centrarse sobre fragmentos musicales más cercanos a deseos comerciales inmediatos. Las conjeturas sobre qué rumbo tomará Javiera Mena pronto serán divisadas, cuando salga a la luz su segundo larga duración, que aún no tiene nombre. Por lo pronto, y más allá de lo dicho con anterioridad, la joven de 25 años logró endulzar el ambiente del Ciudad Emergente, que ya contaba con una importante cantidad de espectadores.

“¿Vamos a ver la de Sigur Ros?”, escuché preguntar a una mujer que se dirigía hacia su amiga. Y es que en Ciudad Emergente, además de música, también hubo proyecciones de películas en un territorio denominado Espacio Bafici. Debido a limitaciones varias, Semifusas sólo se atañó a las bandas. No obstante no está de más remarcar que el sitio asignado para filmes hallaba su máximo punto en Heima, película que acompañaba a la banda islandesa Sigur Ros en su vuelta, luego de un tour mundial, a su país natal. Una serie de conciertos llevados a cabo en iglesias, colinas, fábricas recuperadas e innumerables escenarios tan exóticos y propios del país nórdico que no hacen más que confirmar la correlación entre la pureza del territorio y su banda primaria. También eran parte del Espacio Bafici un recital gratuito de Babasónicos y Feiern, documental sobre la vida nocturna en Berlín (Alemania).

Javiera Mena se apartó un poco del ajustado cronograma, y por ende, cuando concluyó su show, pocas chances se tuvo de presenciar el recital de Banda de turistas en el Ciclo Nuevo. Para ser más exacto, un minuto y medio de una última canción fue lo que pudo ser escuchado, y, a pesar de lo escaso, parecía tener buenas perspectivas la banda que hizo de telón a Jarvis Cocker en La Trastienda. Será en otra ocasión….

De regreso a La Terraza, semifusas pudo visualizar dos expresiones más del festival. Por un lado existía un living en el cual se podía leer diversas revistas de rock en cómodos asientos. Mientras tanto, por las calles que conducían hacia La Terraza, un importante número de artistas callejeros dejaban su marca colorea en las paredes del Centro Cultural Recoleta.

Volviendo al espectro musical, le tocaba el turno a Los Álamos y una vez más los pronósticos reservados que hacía a priori fueron destrozados literalmente por una banda que olvidó las antiguas composiciones densas y agobiantes (una suma que puede tener su encanto, pero siempre y cuando no sean repetitivas), por otras que además de conservar la materia prima (country-rock), al estallar, lo hacían en miles de estilos. El pequeño contratiempo del primer disco de Los Álamos, llamado No se menciona la soga en casa del ahorcado era que cierta parte del álbum se perdía en las tupidas texturas del lejano oeste, tan desoladas como introspectivas. En Ciudad Emergente, Los Álamos hicieron foco en su segundo disco “El fino arte de la venganza”, y la diferencia radicó en que esta obra enmarca a la experimentación sonora en soportes menos herméticos y más iluminados. Las estructuras western, con mandolín y armónica a cargo de Jonah Schwartz, el frenesí del guitarrista Ezequiel Safatle y la locura disparadora de Peter López (voz) se muestran con más nitidez, con perceptibles idas y vueltas que llevan consigo amenazas latentes de erupciones sónicas, al mejor estilo Spiritualized, cuando se le suma a la banda los sonidos de instrumentos tan caóticos como un acordeón y una trompeta. Era un hecho: Se había estado frente a un recital magnético y, principalmente, descargador. Inclusos muchos creyeron que era el cierre de la segunda fecha del Ciudad Emergente.

Pero no. Todavía faltaban dos bandas más. Ya los tiempos estaban desvirtuados, y cuando se iba hacia un lugar era difícil no pensar en el siguiente recital. La cuestión es que en el Espacio Nuevo se encontraba la banda platense llamada Mostruo, y bastó unos pocos acordes para entender que era mejor tomar un descanso antes de presenciar el show que cerraría el festival, a cargo de Victoria Mil, presentando su nuevo disco “Estamos despedidos”.

Victoria Mil es una banda extraña. Posee algunas canciones muy simples y otras más complejas, ambas en formato electro-pop y con la particularidad de no llegar a tener el mismo grado de comercialidad de Babasónicos en el primer caso, y tampoco llegan a ser concepciones súper extravagantes de difícil consumo. En un término medio se encuentra la banda oriunda de Adrogué, entre las expresiones de rima fácil y las que hacen referencia a músicos de vanguardia. Entre inicios de shows apáticos y arrogantes y finales explosivos con tintes de distorsión. Para esta caso, los Victoria Mil comenzaron su performance de manera tranquila, mechando piezas del edulcorado “Estoy bien bien bien” con temas de su última obra “Estamos despedidos”. Fue clara la diferencia entre las nuevas canciones y los viejos hits en relación al impacto melódico, ya que las incipientes composiciones no atrapan desde su primer segundo (excepción Intelligent, un tema explosivo que remite a los mejores momentos de Happy Mondays). “Por tus ojos”, “Ying yang”, “No nos”, y “G13” fueron algunas de las canciones que mejor vistieron a un conjunto distendido y absorto en el escenario. Volviendo a las nuevas obras, a pesar de no contar con el efecto ya mencionado, sí conservan la espontaneidad electro-pop que caracteriza a los Victoria Mil desde ya hace más de 10 años, con letras irónicas y rimadoras, que juegan con los sonidos laxos y orgánicos de la guitarra de Julián Della Paolera o con los sonidos desperdigados que lanza Miguel Castro desde su teclado.

De menor a mayor, Victoria Mil (y todas los demás conjuntos) cerró la segunda fecha del Ciudad Emergente dejando en claro que sería muy provechoso que el Centro Cultural Recoleta sea un soporte usual de recitales en vivo, y no un mero espacio cedido al rock para realizar una fiesta al año. De cultura hablamos, hacia el ministro de cultura son dirigidos estos deseos de parte de quiénes asistimos al Ciudad Emergente.

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Una respuesta to “Ciudad Emegente. Día 2 (Sábado) Parte 2”

  1. comollamarte julio 17, 2008 a 6:20 pm #

    Los VM están en un muy buen momento… los invito a leer una entrevista que les realizé que subo en estos días, ahora tengo una de Lucas Martí…

    Abrazos!

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