Ciudad Emegente. Día 2 (Sábado) Parte 1

6 Jul

El festival organizado por la Ciudad autónoma de Buenos Aires tuvo en su segunda fecha diversas sorpresas, tanto positivas como negativas, mientras que las distintas expresiones culturales (música, cine, arte callejero, lectura de revistas) pudieron convivir de manera natural, si bien en varias ocasiones hubo que elegir qué espectáculo presenciar en desmedro de otros, debido a la superposición de eventos. Se podría citar como única falla el horario elegido como inicio del festival, ya que esta medida afectó a quiénes dieron partida al Ciudad Emergente. El frío también jugó en contra: una temperatura que no superaba los 13 grados, más la poca aparición del sol, dificultaban la estadía en uno de los dos escenarios destinados para las bandas. Por un lado, un espacio llamado La Terraza se ofrecía como un lugar abierto, con vistas a varios sectores del Centro Cultural Recoleta, y una amplia zona para el transitar del público. Entre ellos, este cronista percibió a un simpático muchacho quién tuvo que discutir, de manera amena, con un empleado de seguridad privada por su cigarrillo de marihuana, y por un vino tinto que ni siquiera puedo abrir. El que persiste consigue lo que se propone, y luego de varios intentos fallidos, el joven, una vez llegada la caída del sol, pudo climatizar el aire de La Terraza con la dulce fragancia tan característica.

A pesar del obstáculo temporal citado anteriormente, Semifusas estuvo puntual (14:30hs) para poder escuchar a Marianela, quién tuvo que soportar varias disyuntivas, (un público escaso, mucho frío mezclado con residuos de neblina, y una ausencia parcial del sol). De todas formas, la guitarrista de Bochatón intentó obtener algunos rayos de luz, gracias a temas cálidos y semi-íntimos provenientes de su disco debut, titulado Cajita Feliz. Si bien las canciones de la cantautora son a priori bien intencionadas y con un carácter melódico pausado y dulce, la repetición de este método, más la falta de intensidad, terminaron dejando un sabor indefinido y hasta indiferente en el paladar auditivo. Pero sería necio no reconocer la gran predisposición con la cual Marianela abrió el festival, tomándose con buen humor las complicaciones relacionadas a las bajas temperaturas. Quizás en otro contexto (un lugar cerrado) y bajo otras condiciones, las simples canciones de esta cantante podrían haber sido algo más que un mero comienzo del festival.

Terminado el show, el cronograma indicaba que en el espacio (cerrado) llamado Ciclo Nuevo se presentaba un “proyecto audiovisual que utiliza medios electrónicos y electroacústicos con el fin de  producir un nuevo género titulado Cumbia digital”. En un principio, sonaba interesante la propuesta por la temática excéntrica que la banda llamada The Peronist prometía con dos integrantes en el escenario. Federico Sánchez se encargaba de climatizar el ambiente a fuerza de pulsos electrónicos y samplers de fragmentos provenientes de la cumbia popular de nuestro país. Por su parte, un guitarrista acompañaba, con mínimas notas, esta experimentación que en sus iniciales minutos sorprendió por la inusitada mezcla de estilos tan disímiles. A este redactor le cayó simpático esos incipientes segundos, ya que fue curioso oír algo inesperado y poco previsible, mientras, en la muchedumbre, se observaban rostros perplejos. Desafortunadamente, el efecto naciente provocado desapareció muy pronto, ya que la mueca de complicidad y aprobación por lo exótico fue remplazada por una expresión incolora y apática. Pasado los 15 minutos del show, las resonancias no sólo habían perdido su sorpresa, sino que se encaminaban hacia un espiral repetitivo que presagiaba un futuro poco excitante. El gran error conceptual cometido por muchos músicos denominados como “electrónicos”, hacía mella en The Peronist: Conformarse con un principio de bases y ritmos, pensando que con la simple repetición se consigue un hipnotismo cautivador. Mientras tanto, el público asistente parecía mostrarse atónito: Quiénes gustaban por la estricta música electrónica no hallaban los ritmos adecuados para moverse y (de) mostrar sus apariencias irreales y excéntricas. Por otra parte, un sector quizás más afín a una cumbia “pura”, tampoco encontraban su lugar con los sonidos inorgánicos. Era un buen momento para retirarse del Ciclo Nuevo y dirigirse, con ciertos prejuicios infundados, de vuelta a La Terraza a escuchar (y ver) a The Tormentos.

Antes de dirigirme al Ciudad Emergente, había visitado los MySpaces de algunas bandas que no tenía data alguna, y entre ellas, The Tormentos me figuraba como una de las que no iba a causarme mucha atracción. Nunca fue más equivocada mencionada premonición, ya que el conjunto que incluye a  Mr. M (bajo),  Von Dach (guitarra), Culebra (guitarra) y Coco (Tornado)Reinol.s (batería), no sólo trajo devuelta la luz solar, sino que también provocó un aumento considerable en la temperatura corporal, gracias a sus canciones surf-garage, y sus simpáticos videos de surfers y skaters que podían ser vistos mientras ellos tocaban. Es probable que The Tormentos sean de aquellas bandas que puedan causar un pequeño cansancio al escuchar los discos enteros, por las repetidas fórmulas de surf-rock que componen a todos los temas, pero no obstante, en vivo, destilan intensos y apasionantes sonidos, con guitarras punzantes que golpean de manera certera y violenta al oído y melodías (instrumentales) que bien podrían pertenecer a alguna banda de sonido de un filme de Tarantino.

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